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miércoles, 19 de noviembre de 2008

Mis dos mundos - Sergio Chejfec 2

Ya ha pasado un mes desde que leí Mis dos mundos de Sergio Chejfec, y fue hasta ahora que he entendido el verdadero impacto que tuvo sobre mí. Tal vez el momento clave fue su presentación esta semana en donde escuché al autor hablar sobre él; una hora en la que pude empezar a desmenuzar las ideas que habían quedado dando vueltas en mi cabeza –no sé si ya he terminado de hacerlo, no sé si algún día lo haga-. Tal vez fue el hecho de que haya explicado su concepto de tradición con la que me sentí completamente identificada (y confieso, aliviada). Tal vez lo que en realidad pasó –sí, eso pasó- es que hace mucho tiempo un libro no me hablaba directamente a mí; sentí que hubiera podido ser yo el narrador, un narrador que me hablaba a mí al hablarse a sí mismo. La voz era sutil (gran término, gran tono de voz) y las palabras exactas.

No quiero extender más esta reflexión: cuando se tiene el lenguaje adecuado –no digo que sea yo quien lo tenga- no hace falta adornar tanto las ideas; además me da miedo decir más de lo indispensable.

“Si voy a explicarlo debo recurrir a historiar mis ideas prestadas, de las que estoy lleno -aunque no por eso creo que no me pertenezcan de pleno derecho, al contrario-.” (página 56)

viernes, 31 de octubre de 2008

En busca de una tradición

Los golpes del martillo del piso de arriba me despiertan. Miro el reloj: no son ni las 9:00 a.m. Me he empezado a acostumbrar al ruido, hecho que me preocupa ya que cada día permanezco más tiempo en la cama: menos horas de lectura. Lo recuerdo y decido levantarme. Me baño, me visto y salgo de mi casa en busca de un café y una tradición. Sé en donde encontrar la tradición, me pregunto si encontraré un buen café.

Ocurrió algo inesperado: el encuentro con mi tradición se ha retrasado –imposible saber cuánto- a causa de la lluvia; sin embargo, el café era extraordinario.

Son casi las 4:00 p.m. Estoy empapada pero no pierdo los ánimos. A pesar de la acumulación de cansancio y el frío –también inesperado-, la busco ahora con más intensidad; por allí dicen que lo valioso es más difícil de encontrar. Por cierto, me pregunto por qué tomé la decisión de no llevar el paraguas en mi bolsa, aún cuando ya llovía al salir (y vi el triste pronóstico del tiempo). Lado positivo: puedo utilizar ese espacio para echar la lista de los nuevos títulos y autores en que he decidido [también] buscarla.


Siento un charco dentro de cada uno de mis zapatos pero no le doy importancia. Hasta ahora he aprovechado el día: aún cuando no la haya encontrado, he leído la mitad de un libro que podría darme pistas importantes. El nombre no lo puedo revelar todavía, sería una Desgracia anticipar algún rastro de mi tan esperada tradición, sin estar completamente segura de su paradero.