martes, 6 de enero de 2009

El tintero

Hoy terminan, oficialmente, las vacaciones. Miro la última entrada que escribí (“Descubrimiento”), antes de que éstas empezaran; mañana hace un mes. Treinta días son muchos, o poco tiempo para tantos eventos [o descubrimientos], según quiera verse: la llegada del invierno, un cambio de año, subida de un par de kilos, la resolución de bajarlos; reuniones cercanas y cariñosas con familia lejana –sólo en teoría–, llamadas de larga distancia con la familia más inmediata, intercambio de correos extensos con amigos a los que sin duda extraño. En estas vacaciones también viajé a dos ciudades distintas y recibí un [varios] regalo[s] estupendo[s]: un tintero con su pluma.

Durante este tiempo he escrito mucho, o poco, depende del punto de vista –¿cómo medir cuestiones literarias?–: he escrito en privado y sobre todo, he logrado fijar palabras e ideas en lugares de mi cuerpo que no recordaba que existían.

Hace un mes descubrí una nueva perspectiva de la ciudad en la que vivo; en este mes descubrí una perspectiva distinta de mí. Es de noche; me he vuelto a sentar para escribir de la manera en la que –pienso– todo escritor debe hacerlo: con pasión pero como un oficio. He colocado el tintero en la esquina derecha de mi escritorio para poderlo ver en todo momento y recordar lo que me vino a la mente cuando me lo regalaron: ideas para hacer [mi] literatura en este año que mañana, de manera no oficial, empieza.

La mirada del tiempo hacia adelante ofrece un panorama lleno de posibilidad, por eso los años nuevos sugieren oportunidades para volver a empezar. El tiempo mirado hacia atrás ofrece cosas aún mejores, solamente que esas, por alguna extraña razón –miedo–, preferimos no utilizarlas. Miro este mes al revés: regalos, comida y encuentros entre familia y amigos (que suelen convertirse también en familia). Miro de manera más profunda: somos tontos –muy tontos–; destruimos al mundo con fundentalismos y guerras –nótese lo superficial para eventos tan dramáticos–. Miro de manera optimista: difícil pero vale la pena intentarlo: una nueva oportunidad para ser y sentir. Miro más lejos: lágrimas que pasaron de tristeza a emociones indescriptibles; amigos nuevos, calles por caminar, un tintero que promete derrochar la mejor literatura, múltiples propósitos, energía imparable… y finalmente ya es hoy, y ya es mañana; y soy yo, la de ayer, la de mucho antes, la que ya no conocía, pero con nuevas reflexiones.

Treinta días de no escribir en este espacio; treinta días que se han traducido en una serie de eventos y ánimos [afortunados]. Tal vez todos ellos puedan hilarse, como la evolución del tiempo, mediante el uso de la escritura que nazca del tintero.

4 comentarios:

Helena Ortiz dijo...

Qué bonito regalo el del tintero!! Sigue hilando en pasado, en presente y en futuro, bonita magia la de la escritura!!
Nos vemos mañana en la uni: nuevo trimestre, nuevo año y nuevos propósitos y esto siempre está más que ben!!

Petó

Emilio dijo...

Lo mejor para este año entrante mi querida Nuri, aunque no creo que sea necesario decirlo pues veo que tienes ya el mejor ánimo posible.
Un abrazote
¡Un mes de vacaciones! ¡Que güevones!

Fortuneo dijo...

Nuria, me encantó como expresaste tanto con lo que representa para ti el nuveo regalo: nueva vida, nueva inspiracion, siendo siempre la misma tu esencia de autora. Que la tinta contenida ahi aporte a la literatura tu talento y tu genio, saludos.

Ytzia dijo...

Me encanta tu pagina mi Nuri.
Realmente has hechado a andar un buen talento! Te mando besos y muy feliz año!